
Prominentes personalidades turcas han tenido estrecha relación con España a lo largo del S.XX, de las que se pueden destacar a dos, que curiosamente tienen en común el haber representado a su país como embajadores en Madrid: Yahya Kemal Beyatlı, quien ocupó el cargo de embajador entre 1929 y 1932 y que asimismo fue un autor de renombre en la Literatura turca, celebre por sus poesías (y de quien hablaré en un próxima ocasión) y Zeki Kuneralp, con una brillante carrera diplomática al servicio de su país y quien fue embajador en Madrid entre 1972 y 1979. Ambos dejaron por escrito parte de sus impresiones e ideas acerca de España, su cultura y las numerosas características que unen a ambos pueblos. En esta ocasión me centraré en Zeki Kuneralp, por sus impresiones sobre España más recientes así como por un luctuoso y trágico acontecimiento que narraré más adelante.
Zeki Kuneralp era hijo de Ali Kemal, un prominente escritor y periodista otomano que fue tildado de traidor y linchado por una multitud en Izmit el 1922. Este ex-primer secretario del Ministerio de Asuntos Exteriores turco a los prımeros años de la década de los sesenta, ejerció de embajador en Suiza, Inglaterra y España y fue uno de los artífices de la política turca durante el periodo de la Guerra Fría. Su carrera como brillante diplomático tomo un nuevo rumbo en 1972 cuando fue designado embajador de la República de Turquía en España. Como él mismo indica en su libro de memorias Sadece Diplomat, Anılar («Solamente diplomático, Recuerdos») publicado en la editorial Isis de Estambul en 1999, «Ya lo dije antes, nuestras relaciones con España eran tranquilas, sin acontecimientos. Pocas veces se me necesitaba en el Ministerio de Asuntos Exteriores o en cualquier otra iniciativa», Zeki Kuneralp dispuso de tiempo libre para reflexionar y llegar a comprender la idiosincrasia de ambas naciones, como refleja en sus memorias:
«El segundo tema era una comparación entre Turquía y España. Una comparación entre los turcos y los españoles. Esto era una verdad: los dos países y los dos pueblos se parecen el uno al otro en muchos aspectos. Uno es el paralelismo geográfico, los dos son también puente geográfico entre dos continentes. En los dos países hay parecidos en su historia. Los dos pueblos hicieron grandes hazañas, ensancharon sus fronteras, se difundieron, crearon un imperio. También se parecen en su mentalidad, tanto en las virtudes como en los defectos. Pero aunque se extendieron por las mismas sendas, tienen diferentes creencias, llegaron a diferentes posiciones entre los pueblos. El motivo de esto se encuentra en la geografía. España estaba protegida por occidente, Turquía por el Oriente Medio. La individualidad española (excepto durante un período de tiempo) estaba en el oeste, la individualidad turca en el este. Para poder determinar la identidad y las cualidades de un pueblo hay que reconocer su raza y su religión, lo cual recuerda a la conocida teoría de Hitler “Sangre y Tierra”. No importa, ¿no se puede hasta en la peor teoría encontrar un punto de verdad? El turco y el español se unen en gran proporción en cuanto a la raza, se separan en cuanto a la religión. La causa de que al extenderse lleguen a diferentes propósitos reside en ello».
El 2 de junio de 1978, finalizando su periodo como embajador en España, un trágico acontecimiento tendría lugar durante su estancia diplomática en Madrid, una ciudad que conoce bien los efectos de la lacra que es el terrorismo. Un grupo terrorista armenio, el Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia (ASALA), asesinó a disparos su mujer Necla Kuneralp y al embajador retirado Besir Balcioglu mientras se encontraban dentro de su coche oficial en las calles de Madrid (de resultas de los disparos también murió el chófer, el ciudadano español Antonio Torres). Así lo narra en sus memorias:
«El año 1979 era el último de mi carrera. Dejé Madrid en el mes de agosto, en septiembre me retiré. De los sesenta y cinto años de mi vida había pasado cuarenta al servicio del Estado. Un año antes de llegar al final el destino también me avisó sangrientamente. Se llevó, arrancándomela, a mi compañera de toda la vida».
Un duro golpe para el embajador que reflejaría su punto de vista sobre nuestro país en sus escritos. Sin duda alguna es imprescindible la lectura de parte de sus memorias relacionadas con su cargo como embajador en Madrid, de las que podemos disponer en un artículo de la revista editada por el Instituto Cervantes en Estambul y que podéis leer aquí. El asesinato de la mujer de Zeki Kuneralp, Necla Kuneralp, trae a colación las actividades terroristas de un grupo armado del que nadie comenta en tiempos recientes, más si cabe teniendo en cuenta la profusión de los medios de comunicación y los articulistas al hacer referencia al supuesto Genocidio armenio (del que no entraremos en detalles o polémicas aquí por lo que os recomiendo su artículo en la Wikipedia española) cuando se trata el posible ingreso de Turquía en la Unión Europea. Aún así, os dejo un extracto de un informe del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos:
La cuestión de Armenia
Ankara reconoce que centenares de miles de armenios perecieron entre 1915 y 1923, pero alega que ello se produjo en el contexto de masacres paralelas perpetradas contra turcos musulmanes en conflictos que los armenios instigaron aliándose con rusos invasores, y que, a diferencia de lo sostenido por 15 países –incluyendo a Francia, Suiza, Rusia y Argentina–, no se trató de un genocidio. Los historiadores, sin embargo, no se ponen de acuerdo sobre qué sucedió realmente. Según Norman Stone, ex profesor de Historia Moderna en Oxford, y ahora profesor en la Universidad de Koç, Estambul, la cuestión del genocidio todavía no se ha demostrado de forma satisfactoria.
Es de rigor seguir recordando y honrando a las victimas (en su mayoría ciudadanos turcos) y por ello desentrañaré en el próximo artículo los entresijos de este —desconocido para algunos— grupo terrorista.