
Una de las características que define a una parte de la población turca es la falta de confianza en las posibilidades que su país tiene para ingresar en la Unión Europea. Esta falta de autoestima no le permite a uno entrever—en un principio— la inmensa capacidad, el gran potencial que este país posee. Cuando converso con mis amigos y familiares, la mayoría de las veces sus opiniones denotan cansancio y cierta desconfianza acerca del posible ingreso de su país en la U.E., y según su opinión se verá aplazado 30 o 50 años más de lo que las expectativas marcan. Puesto que no soy un experto en economía, quien mejor que la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Turquía para ofrecernos una breve introducción sobre la economía turca, a partir de un extracto de uno de sus informes económicos:
Con una población activa próxima a los 25 millones de personas, y una estratégica situación geográfica, Turquía es un país cuyo crecimiento económico se ha visto lastrado en las últimas décadas por crisis financieras recurrentes, resultado de su elevado endeudamiento público y altas tasas de inflación. Ha sido de hecho una de las economías con mayores tasas de inflación en el mundo, que ya en los años 70 no bajaron del 20% anual, y que en los años 90 alcanzaron medias próximas al 80%. Esta problemática de la inflación en Turquía tiene su origen en la sistemática monetización durante décadas de grandes déficits públicos.
Aunque su trayectoria histórica de “dientes de sierra” no facilita su clasificación, su economía se sitúa en torno al vigésimo puesto del ranking mundial por nivel de renta nacional. Su renta per cápita supera actualmente los 3.000 dólares americanos, si bien la misma oculta fuertes desequilibrios en su distribución, tanto entre estratos sociales como interregionales, siendo Estambul el mayor polo de desarrollo, y el Sudeste del país, de mayoría étnica kurda, la región más deprimida. También oculta queda una importante economía sumergida, que se estima no es probablemente inferior al 50% del PNB. Turquía cuenta con una economía con una base industrial amplia y potente, y un dinámico sector privado, sobre la cual el sector público, y en particular su instrumentación partidista y corrupta por la clase política, ha ejercido un exagerado parasitismo.
Algunos datos permiten hacerse una idea de la importancia de Turquía como plataforma industrial, que no tiene parangón en ningún otro país de los Balcanes, Oriente Medio o Asia Central:
- En el año 2000, antes de la última crisis, se fabricaron en Turquía 2,5 millones de frigoríficos, 9 millones de televisores, y más de un millón de lavadoras, buena parte de los cuales se exportaron a la Unión Europea. Se fabricaron asimismo 300.000 vehículos de turismo, de las principales marcas mundiales (FORD, TOYOTA, FIAT, etc.)
- Turquía es uno de los mayores productores europeos de cemento, así como de hierro y acero (el año 2001 España importó del resto del mundo 7 millones de toneladas de cemento, de las que 1,7 millones procedieron de Turquía).
- Turquía cuenta con una de las mayores capacidades de producción instaladas en el mundo en sectores como la confección de algodón o el procesamiento de piel. El Estado controla aún por su parte aproximadamente un tercio de la actividad industrial, que va decreciendo en paralelo al lento desarrollo del programa de privatizaciones iniciado a mediados de los años 80.
-En el sector privado es destacable la existencia de un grupo de grandes conglomerados industriales, controlados por determinadas familias (Koç, Sabanci, etc.), que representan prácticamente la cuarta parte del PIB, con actividad sectorial muy diversificada, y fuerte influencia política.
-Es también importante (aunque escasamente transparente), el peso en la actividad económica de las Fuerzas Armadas, a través fundamentalmente del holding “Oyak”, que opera en muy diversos sectores, a menudo completamente ajenos a los objetivos Constitucionales del Ejército, que también es por tanto a nivel económico un poder fáctico.
Completando esta caracterización económica general del país, cabe recordar que otra de sus debilidades crónicas es la captación de inversión directa extranjera, que se mantiene tradicionalmente por debajo del 1% del PIB, limitando el crecimiento económico, y colocando a Turquía a la cola de las principales economías emergentes en este ranking.
Para concluir esta introducción, recordemos que desde los años 50, como resultado de las debilidades estructurales que hemos apuntado, han sido 18 los Programas Económicos pactados por Turquía con el Fondo Monetario Internacional, saldados en su mayoría con fracasos, por la falta de voluntad política de acometer reformas profundas. Afortunadamente, éste no ha sido el caso del potente Programa diseñado como respuesta a la gran crisis de 2001, al cual hay que dar seguimiento para el horizonte 2005-2007.*
*Extraído de la página oficial de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en ANKARA
En cuanto a si existe alguna duda acerca del futuro ingreso de Turquía en la Unión Europea, una magnifica bitácora, Mavi Boncuk (en inglés) —la cual recomiendo encarecidamente pues alberga verdaderas maravillas del presente y el pasado de Turquía— tiene publicado un breve articulo que ofrece unos datos muy significativos para aquellos que, como algunos de mis amigos turcos de los que hablaba anteriormente, no tienen puestas demasiadas esperanzas en su ingreso en la UE. Su traducción del inglés viene a ser más o menos así:
¿Qué puede aportar Turquía en sus relaciones con la Unión Europea? Turquía ofrece un crecimiento de gran rapidez, un mercado emergente de 69 millones de personas y su condición de ser uno de los socios comerciales más importantes de la Unión Europea:
En estos momentos el 52 % del comercio turco es llevado acabo con la Unión Europea (sólo un 8 % se establece con los Estados Unidos o Rusia).
Turquía es el 7º socio comercial más grande de la Unión Europea así como el mercado emergente más grande en Europa. Turquía importa aproximadamente un 20 % más de Europa de lo que exporta a la UE.
Un 25 % del PBI de Turquía reside en la producción industrial, el 60 % son servicios y sólo el 11 % la agricultura.
La liberación del sector servicios y de los mercados y ofertas de adquisición pública en Turquía proporcionará inestimables oportunidades a las compañías europeas: -Una infraestructura desarrollada.
-Uno de los niveles más bajos de delincuencia en todo el mundo .
-Recursos humanos globalmente competitivos.
-Una firme base geo-estratégica para los negocios internacionales.
-Un ambiente legislativo en alineación progresiva con los modelos de la Unión Europea como consecuencia de su unión aduanera y proceso de admisión en la Unión Europea.
-Después de su ingreso, las compañías europeas se beneficiarán de la más alta rentabilidad en contrapartida por su inversión directa en Turquía.
- Como leal aliado de la OTAN, la admisión de Turquía consolidará tanto aspectos militares como civiles de la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea, y contribuirá enormemente a incrementar el poder económico de la Unión Europea en la escena global.
En definitiva, no debemos subestimar el gran potencial de este país ni tampoco dejarnos llevar por los prejuicios que lo ultrajan… como aquella España de finales de los setenta y principios de los ochenta, afronta dificultades y reticencias de ciertos países europeos para su ingreso en la Unión Europea, pero estoy seguro que tarde o temprano lo hará…observemos con atención los acontecimientos a partir del trascendental 3 de octubre próximo, fecha en la que se empezará a negociar la adhesión de Turquía en la UE… la clave, sin duda alguna, reside en su economía.