Siempre he sido un apasionado de la historia, y en concreto la que atañe al Imperio Bizantino, por lo que me siento afortunado de vivir en una ciudad como Estambul, la antigua Constantinopla, capital de este brillante y desconocido Imperio. Pasear por el barrio de Sultanahmet, donde se enclavaba esta mítica ciudad es una delicia, encontrándonos a cada paso con los vestigios bizantinos que se conservan de aquella época. Uno de estos vestigios es la Columna de Constantino, llamada por los turcos Çemberlitaş y que da nombre hoy en día a la plaza que en el pasado fue el Forum Constantinus, la Plaza de Çemberlitaş— Çemberlitaş Meydanı— . La columna fue erigida en el siglo IV d.C. por el emperador Constantino y estaba rematada con una estatua del emperador hasta el año 1105. Fue parcialmente dañada como consecuencia de los terremotos y de los incendios y fue reforzada de nuevo y rodeada por un revestimiento de bronce que los cruzados latinos se encargaron de destrozar y despojar en julio de 1203, durante el infame saqueo de esta ciudad en su camino a Tierra Santa. Lo más curioso es la leyenda que todavía se escucha en esta ciudad. Ésta dice que el emperador Constantino el Grande enterró en la base de la columna algunas reliquias, como astillas de la cruz en la que fue crucificado Jesús ( las cuales, según la tradición católica, provienen de la verdadera cruz que la madre de Constantino, Santa Elena, descubrió en Jerusalén), el hacha que utilizo Noé en la construcción de su Arca ( y que por cierto, y sin animo de entrar en especulaciones, se cree que su ubicación más probable sea una montaña del este de Turquía, el Monte Ararat, Ağrı dağı en turco) y fragmentos de la corona de espinas de Jesucristo en su camino al Monte Calvario. Hasta el día de hoy nadie ha intentado buscar estas reliquias sagradas de la Cristiandad bajo la columna de la que os hablo y me parece que así seguirá por mucho tiempo.
A colación de las santas reliquias, en Estambul es posible hallar e incluso contemplar las reliquias sagradas de la religión islámica. Hace unas semanas visite una vez más el Palacio de Topkapi, lugar de residencia de la corte otomana desde la conquista de Constantinopla por parte de Mehmet II en 1453. En una sección de este palacio, se encuentran todas las reliquias que durante siglos los sultanes otomanos se han encargado de reunir y guardar, como califas del Islam—la más alta autoridad religiosa en el mundo islámico— que fueron en su tiempo. De este modo podemos contemplar objetos personales del profeta Mahoma —Muhammad— y de sus compañeros así como de anteriores profetas que las religiones abrahamicas veneran y comparten entre sí como David, Moisés o incluso San Juan Bautista, venerado también en el Islam. Sin entrar en polémicas acerca de su autenticidad la contemplación de estos objetos sagrados es una experiencia que no han de perderse aquellos que piensen en viajar a esta maravillosa ciudad. Las reliquias son sin duda una oportunidad de contemplar la historia desde una perspectiva diferente, a través de los objetos cotidianos que han llegado a nuestros días desde siglos atrás.
Un magnifico libro recientemente publicado en Turquía acerca de las reliquias sagradas del Islam. La excelente página ha sido elaborada por Aydin Sinan, un gran amigo mio.